INAH: No habrá desalojo pero el único acceso será el CATVI.

La Zona arqueológica será reabierta hasta que se llegue a un acuerdo.
Sin transportadoras, Tour operadores y agencias de viajes no hay turistas
Chichén no solo vive de artesanías
El conflicto que mantiene bajo tensión a Chichén Itzá dejó de ser un problema relacionado con la reubicación de vendedores artesanos. Detrás de las negociaciones entre autoridades federales, estatales y representantes comunitarios, existe un tema mucho más profundo: la operatividad turística de uno de los destinos arqueológicos más importantes del mundo y el equilibrio económico que sostiene a miles de familias en Yucatán y Quintana Roo.
Aunque el director nacional del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Joel Omar Vázquez Herrera, aseguró que no habrá desalojos de artesanos y que la intención es únicamente reorganizar los espacios comerciales hacia la nueva entrada del Centro de Atención a Visitantes de Chichén Itzá (CATVI), el debate ya alcanzó dimensiones económicas, turísticas y políticas.


Las autoridades federales y estatales sostienen que el nuevo modelo de acceso único permitirá mejorar la seguridad, el control de visitantes y la experiencia turística, además de impulsar el nuevo Gran Museo Maya derivado del salvamento arqueológico del Tren Maya. Sin embargo, el conflicto evidencia que la transformación de Chichén Itzá no puede analizarse solamente desde la perspectiva del comercio artesanal.
El turismo organizado, el verdadero motor económico
La presidenta de la Asociación Mexicana de la Industria Turística de Yucatán (AMIT), Rosa Isela Pantoja, lanzó una de las posturas más contundentes dentro de esta crisis al señalar que quienes realmente sostienen la operación turística de Chichén Itzá son las transportadoras, las agencias de viajes y los tours operadores de Yucatán y Quintana Roo.

Su postura coloca sobre la mesa un elemento pocas veces mencionado en el debate público: la enorme logística que hace posible la llegada anual de aproximadamente 3.2 millones de visitantes a la zona arqueológica.
Diariamente, durante temporada baja, ingresan hasta 60 autobuses turísticos procedentes de distintos destinos del sureste mexicano. En temporadas vacacionales o altas, la cifra puede duplicarse hasta alcanzar entre 100 y 120 unidades diarias, muchas de ellas transportando visitantes internacionales que llegan desde Cancún, Riviera Maya, Tulum o incluso desde cruceros que atracan en el puerto de Progreso.


Ese movimiento turístico representa miles de empleos directos e indirectos: choferes, operadores, guías certificados, agencias receptivas, hoteles, restaurantes, estaciones de servicio y pequeños negocios que dependen de la estabilidad operativa de Chichén Itzá.
“Sin ellos no llegan los turistas al destino”, advirtió Rosa Isela Pantoja, dejando claro que el conflicto debe analizarse desde una visión integral y no únicamente desde los intereses particulares de algunos grupos.
Una transición inevitable
El INAH y el Gobierno de Yucatán sostienen que la transición hacia el nuevo esquema es irreversible. Las autoridades han sido claras: no habrá dos entradas operando simultáneamente en Chichén Itzá.

La propuesta oficial consiste en cerrar definitivamente el antiguo parador turístico administrado por CULTUR y consolidar como único acceso el nuevo CATVI, considerado el Centro de Atención a Visitantes más grande de América Latina.
De acuerdo con Joel Omar Vázquez Herrera, la decisión responde a factores de seguridad, control de boletaje y logística turística. Además, forma parte de la estrategia integral ligada al Tren Maya y al nuevo museo de sitio.

“No habrá ninguna especie de desalojo”, reiteró el funcionario federal, al explicar que los artesanos que decidan permanecer dentro de la zona arqueológica serán reubicados en la franja comprendida entre el nuevo acceso principal y el Cenote Sagrado, espacio considerado estratégico debido al flujo obligatorio de visitantes.
Artesanos divididos
Hasta ahora, según datos oficiales, 261 vendedores de un total de 666 ya aceptaron trasladarse al nuevo mercado artesanal del CATVI.
Sin embargo, el conflicto continúa porque un amplio sector de la comunidad de Pisté rechaza el cierre definitivo del antiguo acceso. Incluso, representantes comunitarios aseguran haber reunido cerca de cuatro mil firmas en contra de la operación de una sola entrada.

El problema también radica en que no todos los habitantes viven exclusivamente de la venta de artesanías. Existen familias vinculadas a otros servicios turísticos, actividades comerciales y labores comunitarias que aún desconocen cuál será su futuro dentro del nuevo modelo operativo.
El Consejo Indígena de Gobierno de Pisté sostiene que todavía faltan respuestas claras para numerosos sectores de la población local que dependen económicamente del movimiento turístico de Chichén Itzá.
El riesgo económico
Las autoridades estatales han advertido que quienes se nieguen a integrarse al nuevo esquema podrían enfrentar una reducción considerable en sus ventas.

El secretario de Gobierno estatal, Omar Pérez, explicó que la nueva ubicación propuesta para los artesanos mantiene ventajas comerciales importantes, ya que todos los visitantes pasarán obligatoriamente por esa área.
Según el planteamiento oficial, la llamada “franja privilegiada” garantizaría un flujo permanente de turistas, tanto al ingreso como a la salida de la zona arqueológica.
No obstante, detrás de esta reorganización existe una realidad compleja: Chichén Itzá se ha convertido en uno de los principales motores económicos del turismo cultural en México y cualquier alteración en su funcionamiento repercute de manera inmediata en toda la cadena turística regional.
Más allá de un conflicto local
La crisis de Chichén Itzá refleja un choque entre modernización turística, control institucional, intereses económicos y dinámicas comunitarias históricas.
Por un lado, el Gobierno Federal y el Gobierno de Yucatán buscan consolidar un modelo turístico más ordenado, alineado al Tren Maya y al nuevo esquema de movilidad regional. Por otro, comunidades locales y grupos de comerciantes temen perder espacios estratégicos que durante décadas representaron su principal fuente de ingresos.
Sin embargo, expertos del sector consideran que la discusión no puede reducirse únicamente a quién vende en determinado espacio dentro del sitio arqueológico.

La verdadera dimensión del conflicto involucra a toda la industria turística del sureste mexicano: transportadoras, hoteles, touroperadores, agencias receptivas, cruceros y operadores internacionales que dependen de la estabilidad de Chichén Itzá como destino de talla mundial.
Mientras continúan las negociaciones, el reto para las autoridades será encontrar un equilibrio que permita modernizar la operación turística sin romper el tejido económico y social que durante décadas ha girado alrededor de una de las siete maravillas del mundo moderno.
Visitar Ek Balam, la alternativa mientras sigue cerrado Chichén Itzá
A pregunta expresa de Baúl del Sol en torno al destino final del visitante nacional y extranjero que realiza un viaje para conocer la Séptima Maravilla del Mundo Moderno, Chichén Itzá, tras haber adquirido su boleto con mucha anticipación, el director de Cultur, David Lombard dijo que no hay ningún problema con los tour operadores porque se les ha mantenido informados del conflicto, sus avances y que por el momento, los boletos son válidos para ingresar a la zona arqueológica de Ek Balam.

Sin embargo, para el turismo extranjero el cambio de destino es considerado un fraude, ya que planean su viaje con más de un año de anticipación y determinan su estancia y los lugares a visitar, para que, por conflictos internos de los cuales obviamente son ajenos, se les cambie el lugar por conocer.



Si bien Ek Balam es un sitio importante, no figura en el radar de los extranjeros que desean conocer Chichén Itzá. Y pese a toda explicación, el concepto de fraude turístico cobra relevancia.
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