“Tocar música es tocar almas”: Alan Pérez Escalante y la fuerza de Bloody Mary en la escena del rock yucateco

El espíritu de Jim Morrison en Mérida: Bloody Mary y el arte de emocionar con autenticidad
Alan Pérez Escalante: el rock como lenguaje del alma
Para Alan Ariel Pérez Escalante, fundador y director de la banda de rock Bloody Mary, la música no es solo un pasatiempo ni un medio de expresión: es una forma de conectar con las fibras más sensibles del público.
Con más de tres décadas de trayectoria en la escena musical de Mérida, Yucatán, Alan tiene claro que “el sentido de tocar música es llegar a las emociones más profundas de las personas; si una canción logra que alguien sienta, recuerde o sonría, entonces el esfuerzo valió la pena.”

Bloody Mary, su banda, nació con un propósito muy claro: revivir los sonidos que marcaron generaciones. “Cada quien tiene una canción que lo transporta a su época”, dice Alan. “A mí me tocó Red Hot Chili Peppers, Sismo Fatal, los sonidos alternativos de los noventa. Esa mezcla de energía y melancolía es la que trato de rescatar para que el público vuelva a vivir esos momentos.”
Bloody Mary: el sonido de una generación
El grupo Bloody Mary no es una banda de covers cualquiera. Su propuesta se basa en recrear con fidelidad los éxitos que definieron décadas enteras del rock internacional, pero con una interpretación fresca y emocional. Alan explica que el repertorio es cuidadosamente seleccionado: “no se trata solo de tocar una canción, sino de entender qué significó para la gente. Si una rola fue la banda sonora de tu juventud, tiene que sonar igual o mejor para que te vuelva a emocionar.”

La agrupación ha encontrado en La Tanda y Absenta Bar, uno de los espacios bohemios más emblemáticos de Mérida, un hogar permanente donde su público los sigue con devoción. “Llevamos casi diez años tocando ahí. Es un lugar con una vibra especial, luz cálida, ambiente íntimo, y donde tenemos la libertad de explorar repertorios que van desde el rock clásico hasta el alternativo”, comenta Alan.
El tributo a The Doors: una conexión personal
Uno de los momentos más memorables en la carrera de Alan fue su tributo a The Doors, una banda que marcó su adolescencia y lo inspiró a convertirse en músico. “Yo me escapaba de la secundaria, tomaba un camión desde Polígono 108 hasta el centro, y todo el camino iba escuchando mis cassettes de los Doors. Era mi ritual. Esa música me moldeó, me acompañó y me hizo entender que el arte también puede ser rebeldía, poesía y caos.”

En ese tributo, Alan no solo fue el baterista, sino también la voz principal, un reto poco común en una escena donde el baterista rara vez canta. “Al principio me daba nervios. La gente espera ver a un showman, un Morrison con peluca saltando en el escenario, pero preferí ser auténtico. No me interesa disfrazarme ni hacer teatro; me interesa sonar bien y transmitir lo que la música me hace sentir.”
Autenticidad vs. espectáculo: la nueva era del tributo
En un momento en que los tributos parecen más desfiles de disfraces que homenajes musicales, Alan defiende una postura purista: “Hoy muchos se enfocan en la caracterización, en el vestuario, en parecerse al artista. Pero para mí eso es una botarga. Lo importante es el sonido. Si el audio falla, por más que te parezcas a Morrison, el público se desconecta. Prefiero sonar impecable que distraer con el outfit.”

Su propuesta ha sido bien recibida. En cada presentación, la energía del público se traduce en una comunión entre escenario y audiencia. “Cuando ves que la gente canta, baila o cierra los ojos recordando algo, sabes que todo valió la pena. Cada ensayo, cada hora de montaje tiene sentido cuando logras eso.”
La importancia de la profesionalización
Alan es tajante cuando habla de la preparación musical. “Muchos músicos hoy tocan mirando su celular para leer la letra. Eso no debería pasar. Si vas a interpretar una canción, tienes que conocerla, sentirla, estudiarla. Saber quién la compuso, en qué contexto se escribió. Es una falta de respeto al público y al arte improvisar sin conocimiento.”
El músico insiste en que la profesionalización no depende solo del talento, sino del compromiso. “Tocar bien es ensayar, investigar, y dominar el repertorio. Los grandes músicos sabían todo sobre sus influencias. Morrison leía a Rimbaud y Nietzsche, Clapton estudiaba blues del Delta, Manzanero sabía de armonía y poesía. Esa es la diferencia entre un artista y un improvisado.”
El panorama musical en Mérida: luces y sombras
Para Alan, el panorama local ofrece oportunidades, pero también desafíos. “En Mérida hay muchos bares y foros, pero casi siempre son las mismas bandas, con diferentes nombres, tocando los mismos temas. Es como ver la misma película con otros actores. Hace falta innovación, investigación y renovación.”


Considera que parte del problema radica en la falta de curiosidad musical. “Muchos se quedaron en los clásicos —AC/DC, Guns N’ Roses, Aerosmith— que son geniales, pero hay un mundo más allá. Los jóvenes deben descubrir nuevas bandas, explorar el rock moderno, desde el new metal hasta el indie o el postpunk revival. El rock no está muerto, solo necesita que alguien lo redescubra.”
El reto de conectar con nuevas generaciones
Alan cree que los músicos deben adaptarse a las nuevas plataformas sin perder la esencia. “Hoy la gente ya no ve MTV; ahora todo pasa en YouTube, Spotify o TikTok. Muchos satanizan TikTok, pero si sabes usarlo, te abre puertas. Yo he descubierto bandas increíbles por ahí. Lo importante es educar el algoritmo: si buscas buena música, te llega buena música.”
Y aunque la tecnología cambió la manera de consumir arte, él mantiene una visión romántica: “Antes escuchar un disco era una ceremonia. Lo comprabas, lo abrías, lo ponías en la tornamesa, lo compartías con tus amigos. Hoy todo es inmediato, pero el sentimiento sigue siendo el mismo cuando una canción te toca el corazón.”


Bloody Mary, rock con raíces y futuro
Con una alineación sólida —Alan Ariel Pérez en batería y voz, Iván Cruz en el bajo, Luis González en teclados y coros, y Gabriel Rivas en la guitarra—, Bloody Mary se ha consolidado como una de las bandas más consistentes de la escena meridana. Su agenda incluye presentaciones semanales en Absenta Bar y un tributo especial a The Doors el próximo 24 de octubre en Monks Bar, en el barrio de Santiago, donde Alan promete una experiencia sonora fiel y vibrante.
El legado continúa
Para Alan Pérez Escalante, la música sigue siendo un acto de amor, disciplina y entrega. “Ensayamos para emocionar. Para que la gente salga feliz, satisfecha, con el corazón lleno. No hay mejor pago que verlos sonreír o cantar contigo. Esa es la verdadera magia del rock.”
Y mientras los reflectores cambian y las modas pasan, Bloody Mary mantiene encendida la llama de una época donde el arte se hacía con alma, sin filtros ni algoritmos. Porque como dice Alan, “cada canción tiene el poder de despertar un recuerdo, una emoción, una historia… y ese es el verdadero sentido de tocar música… de abrir las Puertas de la Percepción.”
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