Desde Roma a Yucatán, la Pasión de Cristo conmueve al mundo: Pacabtún honra más de 40 años de fé

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Viernes Santo de fervor universal: la Pasión de Cristo une a Roma con las comunidades de Yucatán

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Lluvia, devoción y tradición: Pacabtún revive la Pasión de Cristo en sintonía con la fe del mundo

Una tradición universal que une continentes

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La representación de la Pasión de Cristo es una de las expresiones religiosas más profundas del cristianismo y cada Viernes Santo conmueve a millones de fieles en todo el mundo. Desde el solemne Viacrucis encabezado por el Papa en Roma, en el Coliseo, hasta las parroquias más apartadas de América Latina, Asia, África y Europa, la memoria del sufrimiento, muerte y entrega redentora de Jesucristo se convierte en un puente espiritual que une culturas, pueblos y generaciones.

Yucatán no es la excepción. En sus municipios, comisarías y colonias populares, la fe católica encuentra una de sus manifestaciones más intensas durante la Semana Santa. Comunidades como Achancé, en el interior del estado, y la colonia Pacabtún, al oriente de Mérida, refrendan año con año esta tradición que fortalece la identidad religiosa y el sentido comunitario.

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Pacabtún, más de cuatro décadas de fervor

En el Fraccionamiento Pacabtún se cumplieron más de cuatro décadas representando la Pasión de Cristo, consolidándose como una de las escenificaciones más emblemáticas de la capital yucateca.

Tal como anticipaban los pronósticos meteorológicos, las lluvias hicieron su aparición a partir del mediodía de este Viernes Santo; sin embargo, ello no afectó la realización del Viacrucis, que encontró su recta final bajo el atrio techado del Santuario del Divino Niño Jesús.

Dos horas antes, bajo un sol intenso, cientos de fieles comenzaron a reunirse desde las diez de la mañana en el parque de béisbol de la colonia para iniciar el recorrido de las 14 estaciones, recordando el juicio, condena, pasión y crucifixión de Jesús.

El papel principal fue interpretado por el joven Ángel Eduardo Puc Lozano, de 18 años, quien compartió que desde enero se preparó física y espiritualmente para encarnar a Cristo. Su participación adquirió una dimensión especial no solo por el esfuerzo corporal que implicó cargar la cruz durante más de kilómetro y medio, sino por el compromiso espiritual de representar el sacrificio más significativo de la tradición cristiana.

El doloroso camino hacia el Santuario

Tras recibir la cruz, el joven sacristán inició el recorrido mientras soldados romanos lo flagelaban simbólicamente. A lo largo del trayecto ocurrieron las escenas más significativas del Viacrucis: la primera caída, el encuentro con la Virgen María en la cuarta estación, la ayuda de Simón de Cirene sobre la calle 41, y la piadosa intervención de la Verónica.

La humedad elevó la sensación térmica por encima de los 30 grados, lo que hizo todavía más dramática la representación. Muchos asistentes buscaron sombra mientras acompañaban con oraciones el paso del Nazareno, quien volvió a caer por segunda y tercera ocasión antes de llegar al santuario.

Uno de los momentos más emotivos ocurrió cuando Jesús consoló a las mujeres de Jerusalén, antes de ser llevado al atrio donde fue despojado de sus vestiduras y crucificado junto a los ladrones. Incluso, la escena tuvo un instante inesperado y profundamente humano cuando un perrito callejero se acercó a olfatear al Nazareno tendido en el suelo, provocando ternura entre los asistentes.

La lluvia, las Siete Palabras y el silencio

La lluvia apareció justo en la parte culminante de la representación, pero lejos de interrumpirla, acompañó el ambiente de recogimiento bajo techo, mientras se meditaban las Siete Palabras de Cristo en la cruz, uno de los momentos litúrgicos más intensos del Viernes Santo.

La representación concluyó con la muerte de Jesús, su descenso de la cruz y la conmovedora imagen de María sosteniendo el cuerpo inerte de su hijo, evocando la escena universal de la Piedad. Posteriormente, el cuerpo fue depositado en el sepulcro de José de Arimatea.

La fe continúa en Yucatán

Las actividades religiosas continuaron a partir de la una de la tarde con la Liturgia de la Pasión del Señor, mientras que por la noche se programó la tradicional Marcha del Silencio, el rosario de pésame a la Santísima Virgen y la veneración del Santo Sepulcro.

Así, desde Roma hasta las comisarías y municipios de Yucatán, la Pasión de Cristo vuelve a recordar que la fe no conoce fronteras: se expresa en la solemnidad de las grandes basílicas y también en la devoción viva de colonias como Pacabtún, donde la tradición supera las cuatro décadas y sigue transmitiéndose con la misma fuerza a las nuevas generaciones.

Representan el viacrucis en el Cereso de Mérida

Personas privadas de la libertad participaron en la representación del viacrucis en el Centro de Reinserción Social de Mérida (Cereso), como parte de las actividades religiosas que se realizan en este centro penitenciario durante la Semana Santa.

La escenificación comenzó detrás del auditorio principal, donde se recreó el juicio de Jesús y el momento en que Jesucristo es sentenciado a morir en el madero. A partir de ahí inició una representación que recorrió distintas áreas del penal.

En esta edición participaron alrededor de 30 actores, así como integrantes de la Pastoral Penitenciaria, quienes brindaron acompañamiento y apoyo en la preparación de los diálogos, el vestuario y la música que formaron parte de la puesta en escena.

El papel del Salvador fue interpretado por Emanuel H. Q., quien se preparó durante cuatro meses, tanto en el aspecto físico como en el espiritual, debido a que la cruz de madera que cargó tiene un peso de 90 kilogramos.

Para formar parte de esta actividad, las personas participantes deben mantener buena conducta y asistir de manera regular a los servicios religiosos que se ofrecen al interior del Cereso.

Luego de la flagelación, el Salvador fue entregado a la multitud, que decidió su muerte en la cruz. Así comenzó el recorrido hacia el Calvario con dirección al área de procesados, en medio de una representación que siguió cada uno de los pasajes centrales del viacrucis.

Durante el trayecto, personas privadas de la libertad observaron desde sus módulos las caídas y el sufrimiento que, de acuerdo con la tradición cristiana, soportó Jesucristo para traer salvación y libertad a la humanidad. Una integrante de la Pastoral Penitenciaria, quien representó a la Virgen María, lloró al presenciar el daño causado a su hijo.

Más adelante, el contingente atravesó los jardines con rumbo al campo deportivo, espacio que sirvió como escenario para la crucifixión. Tras avanzar unos metros más, las y los participantes llegaron al sitio donde fue colocada la cruz.

En el madero colocaron a Cristo y, junto a él, a los ladrones. Poco antes de las 12 del día, la representación alcanzó su momento culminante con la proclamación de sus últimas palabras: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

Alrededor de la cruz se reunió un numeroso grupo de personas privadas de la libertad y sus familiares, quienes contemplaron la escena en silencio. Al concluir la representación, las actividades continuaron con normalidad al interior del Cereso.

Todas estas actividades se realizaron bajo la supervisión de la dirección del Cereso, a cargo del director Antonio Ramón González Zetina. Este sábado el obispo auxiliar de Yucatán, Pedro Mena Díaz, oficiará la misa de resurrección.

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