Venezuela y Estados Unidos: cuando la fuerza sustituye al derecho internacional

Ni aplausos ni defensas ciegas: la postura mexicana ante la crisis venezolana
El Senado y la política exterior de México
El senador Jorge Carlos Ramírez Marín subrayó que, aunque para algunos el tema pueda parecer lejano, el Senado de la República es constitucionalmente responsable de la política internacional de México, por lo que el conflicto entre Estados Unidos y Venezuela es un asunto que necesariamente deberá ser analizado en el ámbito legislativo. Anticipó que el próximo miércoles, en la Comisión Permanente, el tema será discutido y se escuchará una narrativa ya conocida en el debate político nacional.

En ese contexto, advirtió que habrá voces que celebren la salida de Nicolás Maduro y que incluso aplaudan la intervención de Estados Unidos, no sólo en Venezuela sino —en una lógica preocupante— como un modelo que quisieran ver replicado para resolver problemas internos que no han logrado atender mediante el voto y los procesos democráticos.
Venezuela: dictadura y violaciones a derechos humanos
Ramírez Marín fue claro al señalar que el régimen de Nicolás Maduro ha violado sistemáticamente los derechos humanos y que, bajo cualquier definición, se trata de una dictadura: un sistema en el que se impide a los ciudadanos pronunciarse libremente, se acalla el pensamiento crítico mediante la violencia y se impone una sola forma de ver el mundo.

No obstante, contrastó esa realidad con la situación mexicana, donde —dijo— la oposición no puede presumir persecución política, ya que en México se habla, se critica y se disiente con libertad, sin que existan presos políticos por expresar ideas.
¿Quién está autorizado para intervenir?
Uno de los ejes centrales de su reflexión fue el tema de la justicia internacional. El senador cuestionó quién está realmente autorizado para ayudar a un país a liberarse de una dictadura. La respuesta, afirmó, no debe encontrarse en decisiones unilaterales, sino en el derecho internacional y en los organismos multilaterales creados precisamente para esos escenarios.

En ese sentido, lanzó una pregunta clave: ¿dónde están hoy la Organización de las Naciones Unidas, el Consejo de Seguridad y otros mecanismos internacionales cuya función es evitar que las intervenciones militares generen desequilibrios globales?
El vacío del derecho internacional y el uso de la fuerza
Ramírez Marín llamó a no analizar el conflicto desde una visión simplista de “buenos contra malos”. A su juicio, lo que hoy está ausente es el derecho internacional, mientras que lo que domina es el uso de la fuerza militar para imponer una causa, justificando una intervención extranjera en otro país.
Este precedente, advirtió, entierra principios fundamentales como la autodeterminación de los pueblos y abre la puerta a un mundo donde los más fuertes decidan qué es justo, qué es injusto y qué puede o no tolerarse en cualquier nación.
La postura de México: ni defensa ni aplauso
Finalmente, el senador enfatizó que sería un grave error tanto defender a Nicolás Maduro como aplaudir una intervención militar extranjera. Justificar una causa moral por la vía de la fuerza, sostuvo, es incompatible con el derecho internacional.


Desde esta óptica, recordó que México no apoya ninguna de las dos causas, sino que apuesta por la reconstrucción y fortalecimiento de los organismos multilaterales que, aunque debilitados en los últimos años, siguen siendo la única vía legítima para evitar que el orden internacional sea sustituido por la ley del más fuerte.
La intervención en Venezuela, concluyó, debe servir como una advertencia: es urgente repensar el sistema internacional antes de que la fuerza, y no el derecho, sea el único criterio para resolver los conflictos del mundo.
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