Entre cochinita, canciones y nostalgia: Mérida honra a Pedro Infante como hace 69 años

Cada 15 de abril, Mérida deja de ser solo una ciudad para convertirse en santuario. Las calles del sur, el eco de las canciones rancheras y la devoción popular transforman la jornada en una ceremonia de identidad colectiva. A 69 años de la muerte de Pedro Infante, la capital yucateca volvió a dedicarle el día entero a quien no solo marcó la historia del cine y la música mexicana, sino que quedó ligado para siempre al corazón de los meridanos por aquel trágico Lunes Santo de 1957.
En lo que bien podría llamarse un auténtico “Pedro Fest”, las actividades iniciaron desde las ocho de la mañana en la emblemática esquina de La Socorrito, con la tradicional misa en la que se pidió por el eterno descanso del artista, así como por quienes perdieron la vida junto a él: el piloto Víctor Manuel Vidal, el mecánico Marcial Bautista y también los jóvenes vecinos Ruth Rosell Chan, de 17 años, e Isidro Baltazar Martín Cruz, de 13, víctimas inocentes de la caída de la aeronave.

Un nuevo espacio para mirar la tragedia de frente
Este año, además de la acostumbrada ofrenda floral en el busto empotrado en el predio cercano al sitio del desplome, en la calle 87 por 54, se abrió un nuevo espacio museográfico frente al lugar, dentro del Parque Pedro Infante, donde la memoria adquirió una dimensión aún más íntima.
Ahí, los visitantes pudieron observar fotografías captadas minutos después del accidente, imágenes estremecedoras que congelan el instante en que la ciudad comprendió que había perdido al ídolo de México. También se exhibió una infografía detallada del avión en el que viajaba rumbo a la Ciudad de México, elaborada con base en periódicos de la época, así como el valioso testimonio oral de Mario Alberto Linares Aké.
Su relato estremeció a los presentes: recordó cómo, siendo apenas un niño de seis o siete años, se acercó con su hermano al terreno donde aún humeaban los restos de la aeronave. Su voz, cargada de imágenes imborrables, convirtió el homenaje en una cápsula viva del tiempo.
Del monumento perdido al caballo inmortal
La exposición también recuperó fotografías del primer monumento que se levantó en memoria del actor: una estructura piramidal situada en el patio de la familia Canto. Con el crecimiento urbano y la división del predio, aquel primer recordatorio desapareció.
Sin embargo, el gran símbolo surgió en 1976 con la inauguración del monumento ecuestre, hoy uno de los puntos más emblemáticos de Mérida. La escultura, obra del maestro yucateco Humberto Peraza y Ojeda, fue posible gracias a una conmovedora campaña nacional impulsada por el programa “Sube, Pelayo, sube”, mediante la cual miles de mexicanos donaron llaves de cobre para fundir la figura del ídolo montado a caballo.
Este 2026 el monumento cumplió medio siglo de existencia, motivo por el cual por la noche se programó la develación de una placa conmemorativa en la glorieta de la calle 62 por 91, marco perfecto para una velada artística y nostálgica.


Caballos, motocicletas y un cortejo que revive 1957
Uno de los momentos más conmovedores ocurrió a las 10 de la mañana, cuando desde una funeraria cercana al hospital O’Horán partió una singular representación del cortejo fúnebre.
Una decena de jinetes a caballo y 25 motociclistas de la agrupación Yucarolls acompañaron una réplica del ataúd en el que fueron trasladados a la Ciudad de México los restos mortales del cantante. La escena reconstruyó, con notable fidelidad emocional, aquel trayecto de despedida que paralizó al país entero hace casi siete décadas.
Según explicó Jorge Noreña, presidente de la Asociación Mérida a Caballo, la idea fue honrar dos de las grandes pasiones de Pedro: montar y recorrer las calles en su motocicleta Harley Davidson.
El recorrido concluyó en la que fuera su casa en Mérida, hoy convertida en hotel, donde se recreó el velorio en el mismo espacio que alguna vez fue gimnasio, cochera y taller de carpintería del artista.
La noche en que Mérida volvió a cantarle
A partir de las cinco de la tarde, el homenaje se transformó en verbena popular. Como ya es costumbre, los asistentes recibieron tortas de cochinita y refrescos donados por el comité organizador, encabezado por Luis Canto, mientras el escenario se llenó de voces llegadas incluso desde lugares tan lejanos como Guamúchil, Sinaloa.
No faltaron clásicos como “Amorcito corazón”, “Nana Pancha” y hasta las piezas infantiles como “El piojo y la pulga”, acompañadas por representaciones teatrales que dieron vida escénica a cada canción.
Entre los invitados destacó Rafael Jorge Negrete, nieto del legendario Jorge Negrete, así como Miguel, hijo de Edwin Luna. La organizadora Bekina Fernández confirmó la presencia de 30 artistas en escena, orquesta jaranera y cantantes, en una noche donde la nostalgia se mezcló con la fiesta.


Pedro vive en Mérida
Más que un aniversario luctuoso, Mérida convirtió la fecha en un acto de resistencia cultural. Aquí, Pedro Infante no pertenece solo al pasado: vive en las canciones, en la estatua de bronce, en el cortejo que cada año vuelve a recorrer las calles y en la emoción de quienes todavía lo nombran como si jamás se hubiera ido.
Sesenta y nueve años después, la ciudad que lo vio partir sigue negándose a despedirlo.
¡Siguenos por Facebook, X, Tik Tok, Instagram y actualízate en Política, Cultura, Turismo y Sector Empresarial!