De Gilberto e Isidoro a la prevención: así se prepara Yucatán ante un huracán

Redacción Baúl del Sol.
Hay nombres que forman parte de la memoria colectiva de los yucatecos. Gilberto e Isidoro son dos de ellos.
El primero cruzó la Península de Yucatán en septiembre de 1988 después de alcanzar categoría 5 sobre el Caribe. Registros meteorológicos de Estados Unidos señalan que Gilberto llegó a la Península como un huracán de categoría 5, después de registrar una presión extraordinariamente baja durante su trayectoria.
Catorce años después, el 22 de septiembre de 2002, Isidoro golpeó la costa norte de Yucatán, al este de Progreso, como huracán categoría 3. Su lento desplazamiento mantuvo el sistema sobre territorio yucateco y provocó lluvias torrenciales, inundaciones y severas afectaciones. El Centro Nacional de Huracanes registró vientos máximos sostenidos de aproximadamente 195 kilómetros por hora cuando su ojo ya se encontraba tierra adentro, cerca de Mérida.
Aquellas experiencias ayudan a explicar por qué en Yucatán la prevención frente a los ciclones tropicales forma parte de una cultura construida durante décadas.

Hoy, mientras transcurre la temporada de huracanes 2026, el estado mantiene activo el Operativo Ciclón, con vigilancia meteorológica permanente, refugios verificados y coordinación entre autoridades estatales, federales y municipales.
79 escuelas que pueden cambiar de función
Una parte de esa infraestructura se encuentra todos los días a la vista de miles de familias.
Son escuelas.
La Secretaría de Educación del Gobierno del Estado tiene preparados 79 planteles educativos para funcionar como refugios temporales, con capacidad conjunta para resguardar a más de 5,500 personas en caso de una contingencia.
Los inmuebles están distribuidos en seis municipios estratégicos: Mérida, Tizimín, Panabá, Dzilam González, Telchac Pueblo y Motul.
De los 79 planteles, 66 se encuentran en zonas consideradas de mayor vulnerabilidad.
La red escolar comprende ocho preescolares, 51 primarias, 15 secundarias, un bachillerato, dos institutos tecnológicos, un Centro de Desarrollo Infantil y un Centro de Atención Múltiple, de acuerdo con la información presentada por el secretario estatal de Educación, Juan Enrique Balam Várguez.
En Mérida se concentran 28 de estos refugios escolares, con capacidad aproximada para 1,800 personas.
Una escuela no se convierte en refugio de la noche a la mañana
Detrás de cada plantel existe un trabajo previo.
Antes de la temporada, las instalaciones son sometidas a revisiones de salones, sanitarios, sistemas eléctricos, suministro de agua, áreas verdes y salidas de emergencia.
La Secretaría de Educación participa además con Protección Civil en la habilitación de las escuelas, mientras que el programa estatal establece que durante una emergencia debe existir personal encargado de administrar los refugios y mantener comunicación con el puesto de mando.

Esto significa que el salón donde hoy estudia un niño puede convertirse, ante la aproximación de un huracán, en el espacio donde una familia encuentre protección.
De la costa hacia tierra firme
La estrategia contempla especialmente a poblaciones costeras y zonas susceptibles de inundación.
Cuando las autoridades determinan una evacuación, diferentes comunidades cuentan con puntos de referencia hacia lugares de menor riesgo.
Entre los ejemplos expuestos por el Gobierno estatal se encuentran los traslados de habitantes de Dzilam de Bravo hacia Dzilam González; San Felipe hacia Panabá; y Río Lagartos, Las Coloradas y El Cuyo hacia Tizimín.
El principio es sencillo: saber adónde ir antes de necesitar salir.
Protección Civil recomienda precisamente identificar con anticipación el refugio más cercano y conocer la ruta para llegar rápidamente. También aconseja disponer de agua y alimentos no perecederos para por lo menos cuatro días, radio, lámpara, baterías y botiquín.
Una red mucho mayor
Las 79 escuelas representan solamente una parte de la infraestructura disponible.
El Gobierno estatal reporta que el Operativo Ciclón 2026 cuenta con 31 refugios estatales y 1,238 refugios municipales verificados, además de la coordinación con el Servicio Meteorológico Nacional, Ejército, Marina, Guardia Nacional, CFE y Conagua.

La temporada de ciclones tropicales en la región se extiende oficialmente del 1 de junio al 30 de noviembre, por lo que las autoridades mantienen los mecanismos de vigilancia activos.
Después del huracán tampoco termina el protocolo
La función de las escuelas como refugios también obliga a establecer condiciones para regresar posteriormente a las aulas.
Una vez alejado el fenómeno meteorológico, los planteles deben ser inspeccionados antes de recibir nuevamente estudiantes y docentes.
La suspensión y reanudación de actividades se determina con Protección Civil y con base en la información meteorológica disponible.
La regla es que las clases solamente regresen cuando existan condiciones seguras.
La memoria también protege
Gilberto e Isidoro demostraron a generaciones distintas de yucatecos la capacidad destructiva de un ciclón.
Pero dejaron también una experiencia acumulada.
Actualmente existen sistemas de vigilancia, alertamiento, rutas, refugios y protocolos que buscan convertir esa memoria en prevención.
Porque frente a un huracán hay algo que ninguna autoridad puede controlar: dónde se formará y cuál será finalmente su trayectoria.
Lo que sí puede decidir una sociedad es cómo prepararse.
Y en Yucatán esa preparación comienza mucho antes de que aparezca la primera alerta.
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