Por: Federico Snap

Al concluir el convivio con motivo del Día de la Libertad de Expresión y de Prensa, celebrado el pasado 7 de junio, me quedó dando vueltas una interrogante que seguramente muchos compartieron:
¿Quiénes somos realmente los que hoy ejercemos el periodismo en Yucatán?
La pregunta no busca excluir a nadie ni descalificar a quienes utilizan las nuevas tecnologías para informar. Los tiempos han cambiado y sería absurdo ignorarlo. Las redes sociales, las plataformas digitales y la Inteligencia Artificial han democratizado el acceso a la información como nunca antes en la historia.

Sin embargo, una cosa es comunicar y otra muy distinta ejercer profesionalmente el periodismo.
Durante décadas, esta actividad se aprendía recorriendo calles, cubriendo eventos, verificando datos, contrastando fuentes y asumiendo responsabilidades legales y éticas. Hoy, junto a periodistas de larga trayectoria, conviven creadores de contenido, influencers, administradores de páginas informativas, transmisores en vivo, comentaristas y analistas independientes.
Todos tienen derecho a expresarse.
Pero precisamente por esa diversidad resulta necesario establecer mecanismos que permitan identificar perfiles, especialidades, experiencia y niveles de capacitación dentro del sector informativo.

La propuesta no consiste en que el gobierno otorgue permisos para ejercer el periodismo ni en crear filtros que limiten la libertad de expresión. Sería un grave error.
Lo que sí podría impulsarse es la creación de un Registro Estatal de Comunicadores y Profesionales de la Información, administrado por un organismo plural integrado por representantes de universidades, medios de comunicación, asociaciones periodísticas y organismos defensores de la libertad de expresión.
Este registro tendría como finalidad:

* Identificar a quienes realizan actividades informativas de manera permanente.
* Impulsar programas de capacitación y actualización profesional.
* Promover certificaciones voluntarias en áreas específicas.
* Facilitar el acceso a cursos, talleres y becas.
* Crear estadísticas confiables sobre el sector.

* Fortalecer la protección y seguridad de los trabajadores de los medios.
Asimismo, podrían establecerse categorías profesionales como reportero, fotógrafo, camarógrafo, conductor, editorialista, cronista, productor de contenidos digitales y analista especializado, reconociendo la evolución natural de la comunicación moderna.
La profesionalización también debería incluir capacitación obligatoria en temas fundamentales como ética periodística, derechos humanos, transparencia, acceso a la información pública, protección de datos personales, cobertura de riesgos y uso responsable de herramientas de Inteligencia Artificial.
Porque informar no consiste únicamente en publicar primero.
Consiste en publicar correctamente.
La sociedad actual enfrenta una avalancha de noticias falsas, campañas de desinformación y contenidos manipulados. Frente a ese escenario, el periodista profesional debe convertirse en un referente de credibilidad y confianza.

Yucatán cuenta con hombres y mujeres de gran experiencia en el oficio. También con nuevas generaciones deseosas de abrirse paso en esta apasionante actividad. Ambos sectores pueden complementarse y fortalecerse mutuamente.
Quizá haya llegado la hora de sentarnos a discutir el futuro del periodismo yucateco.
No para cerrar puertas.
Sino para abrirlas con mayor orden, preparación y responsabilidad.
Porque la libertad de expresión es un derecho de todos.
Pero la credibilidad se construye todos los días.
Conste.
Federico Snap / Dahemont.
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