En México 33.1 millones de personas trabajan en la economía informal… y sólo 27.2 en la formal

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Inflación alimentaria e informalidad, el doble golpe a 35 millones de hogares mexicanos

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México formal vs. México real: la otra cara de la economía

La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) advierte que, más allá de los indicadores macroeconómicos, existe otra realidad: la que viven a diario los consumidores y el pequeño comercio que abastece lo esencial.

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La fotografía del arranque de año es clara: 27.2 millones en la formalidad frente a más de 31 millones en la informalidad; esto significa que 33.1 millones carece de prestaciones y que 14 millones de hogares viven en situación apretada, lo que se traduce en una inflación alimentaria persistente y remesas debilitadas.

Los más recientes reportes de la Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y el Banco de México (Banxico) permiten una doble lectura del momento económico nacional.

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Por un lado, se sostiene una narrativa optimista: estabilidad del tipo de cambio, fortaleza del peso frente al dólar y cifras alentadoras en materia de Inversión Extranjera Directa (IED).

27.2 millones en la formalidad… 31 millones en la informalidad

Sin embargo, el dato es contundente: en México 27.2 millones de personas trabajan en la formalidad, pero alrededor de 31 millones lo hacen en la informalidad. La tasa de informalidad laboral creció a 54.9% de la población ocupada en enero, lo que equivale a aproximadamente 33.1 millones de personas sin acceso pleno a prestaciones ni seguridad social.

Además, en el mismo periodo se perdieron 705 mil 427 empleos formales, mientras que la informalidad aumentó en más de medio millón de nuevos ocupados entre diciembre del año pasado y el primer bimestre de 2026.

Este fenómeno confirma un patrón preocupante: a mayor desempleo, mayor informalidad. Se trata de un círculo de “perder-perder” para la economía nacional, pues el trabajo se precariza y el mercado interno se debilita.

Precarización laboral y jóvenes sin oportunidades

Cuauhtémoc Rivera, presidente de ANPEC, advierte que la creciente informalidad refleja una deficiente valoración del trabajo en el país. Muchos jóvenes que ingresan al mercado laboral encuentran pocas oportunidades formales y terminan enrolándose en actividades informales donde pueden ganar apenas una tercera parte de lo que percibirían en el sector formal.

Sin contratos estables, sin garantías y en un entorno de total incertidumbre, la informalidad se convierte en la única opción para millones. Esta precarización impacta directamente el consumo: trabajadores sin prestaciones reducen sus compras a lo estrictamente indispensable.

Inflación alimentaria: el golpe cotidiano

En paralelo, la inflación alimentaria no cede. Productos básicos del segmento de frescos —como el limón, la papa y los distintos tipos de tomate— han registrado incrementos súbitos que erosionan el poder adquisitivo de las familias.

“En los últimos días hemos sido testigos del encarecimiento súbito de productos básicos… La inflación alimentaria no cesa en su tendencia alcista”, subrayó Rivera.

El problema adquiere mayor dimensión si se considera que en México existen 35 millones de hogares y al menos 40% (14 millones) viven en condiciones económicas apretadas. Garantizar un consumo alimentario suficiente debería ser el objetivo central de cualquier política económica; sin embargo, la realidad dista de ese ideal.

Ventas a la baja y presión fiscal

El primer bimestre del año ha sido cuesta arriba para el comercio tradicional. Las ventas se han desacelerado y la inflación alimentaria se ha visto presionada, entre otros factores, por la aplicación del IEPS a bebidas saborizadas y cigarros, lo que incrementa el costo final al consumidor.

A ello se suma el contrabando y la piratería. Se estima que tres de cada diez cigarros vendidos en México son de contrabando, fortaleciendo al mercado negro y debilitando al comercio formal. ANPEC señala que el país no ha logrado consolidar un sistema aduanero estable y eficaz que contenga esta problemática.

Remesas a la baja: otro frente de presión

Como si no fuera suficiente, el envío de remesas ha registrado una caída histórica. La apreciación del peso frente al dólar reduce su valor en moneda nacional y, además, el impuesto del 1% establecido en Estados Unidos encarece los envíos tradicionales.

Este fenómeno afecta directamente al menos a  5 millones de hogares que dependen de las remesas como su principal fuente de ingresos, disminuyendo aún más su capacidad de consumo.

Mercado interno debilitado

El resultado es una economía social debilitada: más informalidad, menos empleo formal, mayor precarización y un consumo restringido a lo básico. El pequeño comercio —reflejo inmediato del comportamiento del gasto familiar— resiente ventas a la baja y márgenes cada vez más estrechos.

ANPEC sostiene que el país necesita fortalecer el mercado interno, controlar el contrabando y generar condiciones para ampliar el empleo formal con mejores salarios y prestaciones.

Expectativa en el horizonte

En este contexto, existe la esperanza de que eventos de gran escala como el Mundial puedan representar un factor de reactivación económica y dinamizar sectores clave. Sin embargo, el desafío estructural permanece: reducir la informalidad y recuperar el poder adquisitivo de las familias.

La fotografía del arranque de año es clara: 27.2 millones en la formalidad frente a más de 31 millones en la informalidad; 33.1 millones sin prestaciones; 14 millones de hogares en situación apretada; inflación alimentaria persistente y remesas debilitadas.

El dilema no es solo macroeconómico. Es social. Porque cuando el empleo se precariza y el consumo esencial se encarece, el impacto se siente en la mesa de millones de familias mexicanas.

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#Desempleo

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