Más de 600 personas participaron en 15 foros de consulta para aportar propuestas sobre agua, movilidad y seguridad en Mérida y su zona metropolitana.

El diputado federal Oscar Brito destacó que la estrategia busca construir políticas públicas desde las necesidades reales de la población y con una visión metropolitana.
Los foros del Plan Bienestar Metropolitano resumen perfectamente cómo gobierna Morena: las políticas públicas del Gobierno surgen de la gente, no de ocurrencias ni de una cúpula que desconoce de cerca los problemas de la población de Mérida, afirmó el diputado federal Oscar Brito.
En una ciudad que crece a una velocidad que rebasa a sus autoridades, se transforma y enfrenta desafíos cada vez más complejos, la discusión sobre el futuro de Mérida y su zona metropolitana ha comenzado a tomar una ruta distinta. El debate ya no se limita a diagnósticos elaborados desde las oficinas gubernamentales ni a decisiones tomadas de manera aislada. La apuesta, de acuerdo con el diputado federal Oscar Brito, es escuchar directamente a quienes viven todos los días los problemas de la ciudad.

“Los foros del Plan Bienestar Metropolitano resumen perfectamente cómo gobierna Morena: las políticas públicas del Gobierno surgen de la gente, no de ocurrencias ni de una cúpula que no conoce de cerca los problemas de la población de Mérida”, afirmó el legislador.
La declaración se produce luego de la conclusión de 15 Foros de Consulta Ciudadana realizados para construir el Plan Bienestar Metropolitano, una estrategia que busca orientar las decisiones y acciones públicas en Mérida y su zona conurbada. En estos encuentros participaron más de 600 personas, entre vecinas y vecinos, especialistas, colectivos, asociaciones civiles, representantes empresariales y autoridades.
Durante las mesas de trabajo, las principales preocupaciones se concentraron en tres grandes temas: agua potable, movilidad y seguridad pública. Entre las propuestas planteadas estuvieron la reparación de fugas en la red hidráulica, la mejora de la presión del suministro, la modernización de vialidades estratégicas, el ordenamiento de la movilidad en el Anillo Periférico y la ampliación de la cobertura de videovigilancia.
Más que una lista de peticiones, los foros representaron un ejercicio para construir un diagnóstico compartido. La intención es que las decisiones que se tomen a partir del Plan Bienestar Metropolitano tengan como punto de partida las necesidades reales de quienes habitan y recorren la zona metropolitana.

El proyecto, anteriormente identificado como Plan Renacimiento Mérida, evolucionó hacia una visión metropolitana, entendiendo que los desafíos de la capital yucateca no se detienen en los límites administrativos de un municipio.
La dinámica diaria de miles de personas demuestra esa realidad. Habitantes de municipios conurbados se trasladan diariamente hacia Mérida por motivos de trabajo, educación, salud, comercio o servicios. El agua, las vialidades, el transporte y la seguridad forman parte de una misma realidad urbana, aunque las responsabilidades institucionales estén distribuidas entre distintos niveles de gobierno.
Una visión política de la participación ciudadana
Para Oscar Brito, el proceso representa también una diferencia en la manera de entender el ejercicio de gobierno.
Su lectura es que la participación ciudadana no debe ser un elemento decorativo ni una formalidad previa a la toma de decisiones. Desde su perspectiva, los foros constituyen una expresión de la filosofía política de Morena: construir políticas públicas a partir del contacto directo con la población y de la identificación de sus necesidades.
“Las políticas públicas del Gobierno surgen de la gente”, sostuvo el diputado federal, al marcar distancia con decisiones que, según su planteamiento, pueden surgir de “ocurrencias” o de grupos alejados de la realidad cotidiana de la ciudadanía.
El mensaje político es claro: una ciudad no puede planearse únicamente desde las instituciones. La planeación urbana, la infraestructura y los servicios públicos tienen que considerar la experiencia de quienes utilizan diariamente las calles, dependen del suministro de agua, enfrentan los problemas de movilidad o demandan mejores condiciones de seguridad.
El siguiente paso será convertir las propuestas recopiladas en una agenda concreta. La participación ciudadana genera expectativas y, al mismo tiempo, plantea una responsabilidad para las autoridades: demostrar que las opiniones expresadas en los foros tendrán consecuencias en la planeación y en las decisiones públicas.
La consulta, por sí sola, no resuelve los problemas. Su valor dependerá de la capacidad institucional para procesar las propuestas, establecer prioridades, definir proyectos, asignar recursos y evaluar resultados.
En ese sentido, el Plan Bienestar Metropolitano entra ahora en una etapa decisiva. El desafío será mantener abierto el diálogo y evitar que la participación termine con la clausura de los foros.

La importancia del Plan Bienestar Metropolitano radica, en buena medida, en el intento de cambiar la lógica tradicional de la planeación pública: escuchar, diagnosticar y, a partir de ello, diseñar las acciones.
Para sus impulsores, se trata de construir una agenda desde el territorio y desde la experiencia cotidiana de la población.
En una Mérida que continúa creciendo y enfrenta nuevos desafíos urbanos, el reto no es menor. La ciudad necesita planear su futuro con una mirada amplia, coordinada y de largo plazo. Y, como plantea Oscar Brito, la pregunta fundamental es quién debe definir ese futuro: una cúpula alejada de la realidad cotidiana o quienes viven, recorren y construyen todos los días la zona metropolitana.
Por ahora, el Plan Bienestar Metropolitano ha colocado una respuesta sobre la mesa: la ciudad debe comenzar por escuchar a sus habitantes.






